Honrar la propia ciclicidad


Anoche, entrando en el día treinta y uno de mi ciclo, antes de irme a dormir, me puse a conversar con mi útero, masajeando mi vientre, un poco de reiki, el silencio de la noche, mis manos, mi útero, mi respiración y yo. Le pregunté cómo se sentía, con todos estos cambios. Me dijo que está un poco más relajado, que siente que no corre tanto de un lado para el otro y que eso lo hace sentir más confiado de su poder y con ganas de crear. Me dijo que le gusta esto de mover el cuerpo y bailar a cualquier hora del día y estirarse por la mañana, la tarde y la noche. 

Qué sí, que extraña un poco la sensación de estar en contacto con la naturaleza, pero que durante este tiempo descubrió un ritmo más lento para su danza y que lo disfruta. Me dijo que le gusta que lo nombre, que es un honor para él, que ya estuvo silenciado durante miles y miles de año y de a poco, se va reencontrando con otros úteros y recuperando la memoria. Útero o útera, lo importante es que se verbalice, me dijo.

Tuvimos una larga charla, también me contó que anda con ganas de pintar, de ver cómo, las mujeres van pintando úteros por la vida, las paredes y las calles y que el sonido del tambor cada vez le fascina más y más.

Yo escuchaba serenamente y disfrutaba de los silencios que por momentos irrumpían la noche, silencios que devolvían palabras, silencios cargados de flores, que danzaban por el techo de mi habitación.

Sí, pude ver como todo a mi alrededor se iba cubriendo de flores, que se movían y bailaban de un lado para el otro. 

Con las manos abrazando a mi útero, me dormí.

Hoy al despertar, pude sentir, como una vez más, un ciclo se terminaba para que otro se inicie. Es momento de volver a soltar, de habitar el sangrado y hacerlo ritual, honrando la magia ancestral de la propia ciclicidad. 

Es momento de que el útero se exprese, por eso me abro a la danza del silencio, del baile, el disfrute y el placer. Me enraizo a la tierra con determinación, dando paso a mi verdad, mi voz y mis ganas. Es mi útero, se está sintiendo libre. Puede hablar sin interferencias con el corazón, y la intuición. 

Es él, el que conversa a diario con inspiración y creatividad. Desde la raíz van brotando las palabras, y éstas suben, hoja a hoja, hasta mi vasija dorada y llena de flores, que hoy veo en mi útero.

Vamos bien, me dice, parece que la tierra está sanando.

01.05.20
Día 1 del ciclo


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