Habitar la intuición...

Las palabras me devuelven más palabras. Me permito revisar las ideas y dudar de las creencias cerradas que me llevan a vivir entre polaridades. Las cosas no son blanco o negro, buenas o malas. Más bien estoy intentando internalizar la idea de que las cosas son. Desconozco muchas cosas. Estoy aprendiendo, y desandando algunos caminos.

Aprendí a verme como un canal de energía, y a través del vínculo con un otrx y de la reflexión constante que voy haciendo de mí misma y de la realidad que me rodea, empecé a canalizar palabras, abriendo interrogantes y tejiendo respuestas.

Desde hace algunos días empecé a indagar más sobre la intuición. ¿Qué es? ¿De dónde proviene? ¿Cómo hago para diferenciarla de la voz del pensamiento? Haciéndome esta última pregunta, caí en la cuenta, de que una parte de mí intentaba separar, diferenciar, polarizar...

Meditar por unos instantes sobre estos interrogante me llevó a muchos lugares. Habité el silencio y el vacío de no tener las respuestas. Habité algunos libros, porque mis ansias de búsqueda y conocimiento me llevaron a recorrer algunas páginas. 

Creo que muchas veces nuestra mente se retroalimenta constantemente con pensamientos que lo único que hacen es producirnos dolores de  cabeza. Nos tomamos muchas cosas de manera personal y suponemos que las historias que crea nuestra mente son ciertas y acabadas.

"No me contesta los mensajes, seguro me está engañando"

"Me leyó y no me contestó. Está con otrx."

"No me devolvió la llamada. No le intereso."

"No me escribe. No le importo."

¿Y si nos invitamos a observar las situaciones desde distintas perspectivas y nos permitimos concebir la idea de que todxs estamos viviendo procesos diferentes? ¿Y si somos nosotrxs lxs que tomamos la iniciativa para descomprimir algunas situaciones y damos lugar a la palabra, para permitirnos la pregunta, en lugar de suponer?

Nadie dice que sea fácil, pero permitámonos la idea de hacer las cosas de manera diferente a como nos enseñaron o aprendimos, si queremos obtener resultados distintos. 

Tendemos a direccionar el dedo hacia la otra persona, cuando deberíamos direccionarlo hacia nosotrxs mismxs. No desde un lugar punitivo, sino invitando a la observación, autoreflexión y haciéndonos cargo de las responsabilidades propias. 

Creo que haciéndonos conscientes de estas situaciones, vamos quitando capas de polvo de nuestra mente y de nuestro centro. Creo que habitar la intuición es en parte, habitar la palabra, y ésto no sólo implica abrir el diálogo con otra persona, sino también hacernos cargo del diálogo interno que tenemos con nosotrxs mismxs.

Nos invito a observar nuestro diálogo interno y con profundo respeto habitar los distintos espacios desde los cuales brotan las palabras. Quizás, algunas veces sea producto de nuestro ego que se siente herido, lastimado, desolado. Otras veces las palabras brotaran desde ese lugar de profunda calma y sentiremos una profunda conexión con nosotrxs mismxs y con lxs otrxs.

Comienzo a empatizar con la idea de que además de cultivar nuestra intuición es importante y necesario comenzar a observar con más amorosidad y respeto nuestros pensamientos y el sinfín de suposiciones que muchas veces, nuestra mente crea y cree, erróneamente, provocándonos desconexión. 

Comienzo a recordar las veces en que mi guía interna me ayudó a tomar decisiones importantes en mi vida, revivo los viajes y empiezo a agradecerle a mi intuición y a mis pensamientos, ya que siempre estuvieron allí, conmigo. Me doy cuenta que en esos momentos estuvieron ambos, juntos conmigo, dándome la mano:

"Querida intuición, maestra interna y guía, que con dulzura y amor me orientaste para tomar decisiones importantes, gracias por ese calor interno que siento y me lleva a lugares de profunda calma, serenidad, alegría. Gracias por estar en cada momento a mi lado, gracias por devolverme hacia mí misma; gracias por enseñarme a ser responsable de mi propia vida; gracias por la paz y la tranquilidad que me generas cada vez que te doy la mano. 


Queridos pensamientos, gracias por devolverme imágenes que me invitan a seguir indagando en mí. Gracias por enseñarme a habitar la palabra y abrir el diálogo cuando percibo situaciones de tensión o incomodidad con un otrx. Gracias por enseñarme a ser tolerante y flexible. Gracias por invitarme a pensarme."

Percibo también que habitar la intuición nos invita a tener memoria. Una vez me topé con un libro, en el que la autora compartía una serie de ejercicios para reflexionar sobre las relaciones. En uno de los capítulos, la escritora invitaba a lxs lectores a registrar por escrito, en un diario de la intuición, todas aquellas intuiciones que el cuerpo percibía, para que al cabo de un tiempo chequeemos que fue lo que sucedió con ellas. 

Aprendí a habitar el silencio y encontré en la meditación una aliada a la hora de tomar decisiones importantes. Pasar tiempo en silencio, habitar el momento presente, respirar con consciencia, estar en contacto con nuestra Madre Naturaleza, me ayuda a serenar mis pensamientos, cuando los observo un poco revueltos.  

Me di cuenta que la práctica de la gratitud es otras de las maneras que tengo para conectar con nosotrxs mismxs y con lxs otrxs. Agradecer por la mañana al despertar, por la noche antes de irnos a dormir, agradecer por todas las bendiciones que tenemos, por las oportunidades.

A la intuición, además de gustarle la gratitud, le fascina la creatividad, la inspiración. Cultivar al niño interior que llevamos dentro, crear, jugar, explorar, curiosear, asombrarse, como cuando éramos niñxs, es otra de las formas que encuentro para estar en contacto con ella. 

Elegir una actividad que nos guste, explorarla. Quizás, hacer de esa actividad nuestra pasión, nuestro propósito. A la intuición le cae bien esto de tener sueños y manifestarlos. Es ahí, en ese lugar, en donde la intuición se siente libre para ser desarrollada. En esos momentos en donde percibimos una profunda conexión con nosotrxs mismxs, con lxs otrxs y con el mundo que nos rodea. 

Cultivar la intuición forma parte de un proceso de conocimiento que implica también reconocer la voz y las palabras que me digo a mi misma y que mantengo con otrxs. 

No busco con estas palabras dar recetas acabadas de cómo hacer para cultivar o desarrollar más la intuición, ya que creo que forma parte de un proceso muy personal. 

Más bien la intención es invitarnos a registrar, desde los sentires propios, cómo percibimos el cuerpo cuando nos encontramos frente a situaciones en las que el autodiálogo y los pensamientos nos ponen en situaciones tensas o de incomodidad. La invitación es a observar nuestros pensamientos, a dudar de las cosas que tomamos como cierta o verdaderas. La invitación es a habitar la pregunta, el diálogo, a tender puentes. Son tiempos complejos. Todxs estamos aprendiendo, desaprendiendo y llevando sobre nuestras espaldas mochilas distintas. 




Con profundo amor y gratitud

Lu

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