El arte de Escribir...

Escribir es ese arte,
de mirarme al espejo,
y leerme a mí misma.
Julio 2020


Son muchas las intenciones que podemos tener a la hora de escribir. Escribir es producir un texto para otrxs o para nosotrxs mismxs. Escribimos para aprender, estudiar, comunicar, transcribir, informar, para saciar esa búsqueda de saber, para recavar información. Escribimos para expresar, solicitar, organizar y reorganizar, para tomar distancia de las propias ideas y reflexionar sobre ellas al volcarlas en un papel, desde otra perspectiva. 

También, escribimos para tener memoria, para registrar momentos pasados y preservar recuerdos. Como seres pensantes y sociales, escribimos para dejar un legado a las próximas generaciones, para testimoniar la historia y construir significados. Escribimos para repensarnos como sujetos individuales y como sociedad.

"...al pensar guardo en mi cuerpo consciente y hablante la posibilidad de escribir, de la misma manera en que al escribir continúo pensando y repensando tanto lo que se está pensando como lo ya pensado."
Paulo Freire

Escribir nos permite organizar el habla y los pensamientos. Escritura - Lectura y Oralidad están íntimamente relacionadas. Escribimos desde la lectura del mundo que nos rodea, desde nuestro rol como seres sociales inmersos en una sociedad que está en constante transformación. Leer y escribir son actos que muchas veces nos devuelve a nosotrxs mismxs, por eso es que leer y escribir, es también un riesgo...

"Siempre arriesgamos el alma en cada lectura. La decisión de leer es la decisión de dejar que el texto nos diga lo que no comprendemos, lo que no sabemos, lo que nos falta, lo que pone en cuestión nuestra propia casa y nuestro propio ser".
Jorge Larrosa. 

Asumimos el riesgo y aventuradxs en la relación lectura - escritura - lectura, nos vamos haciendo conscientes de que, además, escribimos para visibilizar aquello que estuvo invisible durante años y años. Escribimos para dejar huella y dar a conocer nuestras voces, para verbalizar aquello que estuvo oprimido y reprimido, como consecuencia de una historia que nos obligó a callar desde el miedo. 

Escribimos para sanar, para nombrar lo "innombrable", para dejar de doler, para curar la herida ancestral. Escribimos como posición política, para interpretar la realidad, cuestionarla, transformarla y crear nuevos mundos.

Escribimos desde lo que sentimos y nos pasa por el cuerpo. Escribimos desde el cuerpo, el movimiento, la quietud y también desde el silencio. Escribimos para estar presentes, aquí & ahora. Escribimos desde la observación curiosa del mundo natural y orgánico que nos rodea. Escribimos desde nuestra propia ciclicidad. Escribimos desde el útero. 

"Escribir las vivencias, las alegrías y los temores. Escribir desde la sombra, el amor y el dolor. Escribir desde el cuerpo y el silencio. Escribir para encontrarnos a nosotras mismas desde nuestras verdades más profundas, que son las únicas a las que podemos tener un acceso con sentido..."
Norma Osnajanski

Desde Sentir Sororo creemos en la escritura como una forma de volver a casa, a la raíz, y recordar quiénes somos. Percibimos además, la escritura como ese viaje hacia nosotras mismas, a nuestros sentires más profundos, reconectando con nuestros cuerpo desde un lugar consciente, sentido y amoroso.

Como dice el poeta Ángel González

“Escribir sobre uno mismo es una forma de explicarme, de poner en orden mi mundo, de reconocerme. Si no estuviesen dictados por la intención de hacer literatura, podría decirse que esos textos tan directamente basados en situaciones reales, en datos verdaderos, son el resultado de insólitas sesiones terapéuticas, en las que soy el paciente y el médico en una sola pieza. Y ciertamente, en ocasiones ha resultado ser un eficaz alivio de mis males”. 

Alejandro De Barbieri, psicólogo clínico y logoterapeuta uruguayo, resume las ventajas de la incorporación de la escritura al proceso de psicoterapia, en su artículo “La cura por la palabra escrita”, al expresar que esta práctica invita al paciente a escribir sobre su propio proceso, aumentando el compromiso del mismo con su propio proceso de curación. Por otro lado, fomenta la participación activa del paciente, es decir que lo hace sentirse más activo y disminuye la proyección de la “cura” o de la palabra mágica en el terapeuta. El paciente es protagonista de su propia recuperación. Además, la incorporación de la escritura al proceso de psicoterapia, según el profesional, contribuye a la expresión de sentimientos y emociones, favorece la derreflexión. El paciente deja de rumiar sobre sí mismo, para plasmar la idea en el papel y favorece el autodistanciamiento. Tomamos distancia de lo que nos pasa, ya que escribir implica un proceso secundario de elaboración sobre lo vivido. (1)

Por otro lado, la escritura parece no solo ser útil a nivel psíquico, sino también físico. James W. Pennebaker, profesor de psicología en la Universidad de Texas, que desde la década de los 80 estudia el poder curativo de la escritura, ha investigado el beneficio, no solo a nivel emocional sino también a nivel corporal, que posee esta terapia. Al escribir se ve implicada por un lado, la parte artística, irracional y emocional de la creatividad humana, y por el otro, la parte más lógica, racional y estructurada del lenguaje. Por lo tanto, se ponen en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales, que interrelacionados ayudan a la regulación del sistema límbico y el equilibrio emocional. Habla de cómo aquellos traumas vividos, aquellas vivencias que se guardan en nuestro silencio más profundo, son desencadenantes en muchas ocasiones del estrés, que “podría acelerar procesos psicosomáticos, incrementando el riesgo de enfermedad y otros problemas relacionados con él. Contener pensamientos, sentimientos o comportamientos vinculados con traumas emocionales, provoca estrés; liberarlos debe, en teoría, reducirlo”. Según él, esta liberación favorece que los ritmos cardiacos sean más bajos y que se mejore la actividad de buena parte de los leucocitos, por lo que el cuerpo, gracias a la mejora del sistema inmune, será capaz de hacer frente a las infecciones con más efectividad o hacer más llevaderos los síntomas de las enfermedades que podemos sufrir. Y apoyando esta teoría, Gillie Bolton, terapeuta, experta e investigadora de la escritura terapéutica, coincide con Pennebaker en los resultados de sus investigaciones. Trabajando en Londres con enfermos terminales de cáncer, todos coincidieron en la satisfacción que encontraron en la expresión de sus vidas y sus sentimientos acerca de la muerte y de su enfermedad. La terapia les ayudó a estar más serenos, menos ansiosos y con un ánimo mejor que el que tenían antes de empezar a escribir. No queremos decir con esto que la escritura como forma de liberación de estrés y traumas, sea capaz de curar enfermedades, pero sí podría mejorar nuestro ánimo, reducir nuestra ansiedad y sus consecuencias. físicas, y sentirnos más capacitados para escuchar los mensajes de nuestro cuerpo, reforzando su cuidado y su salud. (2)


De un tiempo a esta parte, diversos estudios han demostrado el poder sanador de las palabras desde la escritura terapéutica, reflexiva, meditativa e introspectiva. Si estas leyendo esta publicación, si con tu lectura llegaste al final de estos renglones, algo me dice que tu curiosidad siente ganas o deseos de comenzar a escribir. Si así es,
te invito a escuchar tu voz curiosa y comenzar a escribir ahora mismo, desde lo más cercano, y muchas veces lo más distante que tenemos...nuestro cuerpo.

Destina un cuaderno, pura y exclusivamente a la escritura de tus sentires corporales, como si fuese tu diario íntimo. Comienza ahora, ¿Cómo te sientes? ¿Qué sientes en este momento en tu cuerpo? ¿Cuáles son tus apoyos en este momento? ¿Cómo sientes la columna, tus hombros, el cuello, la zona de la mandíbula? Si al momento de leer estas preguntas y de llevar la atención a esas zonas del cuerpo, sientes deseos de movilizarlas, hazlo. Si comienzas a bostezar, bienvenido sea, el cuerpo se está comunicando con nosotrxs, se está manifestando, le estamos dando lugar para que se exprese.

En palabras de Alexdander Lowen, el creador de la Bioenergética, "el cuerpo tiene su propia sabiduría. Aceptar las realidades de la vida y escucharlo conduce a la plenitud."


Continua llevando la atención a las distintas partes del cuerpo, visualiza ahora la zona de tu garganta, ¿cómo la sientes? Gesticula, mueve tu boca, tus labios, masajea la zona externa de las encías. 

Luego sigue viaje hacia la zona de tu hara, o centro de poder. Para localizar nuestro hara, debemos colocar dos dedos por encima del ombligo. Ahora bien, ¿cómo sentimos esa parte del cuerpo? ¿Inflamada, liviana? ¿Cómo nos nutrimos? No solo desde la incorporación de alimentos, sino también de la incorporación de nuevos hábitos, más conscientes, orgánicos y responsables. ¿Cómo nos nutrimos desde las palabras, los pensamientos? 

Siguiendo el recorrido, y visualizando nuestro centro creativo de poder, nuestra vulva, vagina, nuestros ovarios, útero, nuestras trompas uterinas. ¿Qué contiene hoy nuestra vasija creadora? 

Miren cuanto podemos escribir desde la toma de consciencia y recorrido por el cuerpo. 

¿Qué nos dicen ahora nuestros apoyos? ¿A qué estamos arraigadas? ¿Cómo sentimos nuestros pies? ¿Cómo percibimos nuestra experiencia a la hora de caminar? ¿Cómo sentimos nuestros dedos de los pies? ¿Hay movilidad entre ellos?

Te propongo realizar esta experiencia de escritura las veces que lo consideres necesario. Es una propuesta de escritura a través de la toma de conciencia del cuerpo, para comenzar a soltar la mano, liberar palabras y fortalecer la relación más importante, que es la que tenemos con nosotrxs mismxs.

Te mando un abrazo grande

Luciana


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Fuente:

(1): https://psicolog.org/la-cura-por-la-palabra-escrita.html

(2): https://elpais.com/sociedad/2013/07/31/actualidad/1375306460_460795.html

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